AÑO II

- 2006 -   


DOCUMENTOS
ORDEN DE SAN JUAN DE JERUSALÉN
Orden de los caballeros Hospitalarios
Orden de los caballeros de S. Juan de Acre
Orden de los caballeros de Rodas
Orden de los caballeros Malta

Corría el S.XI cuando unos mercaderes de Amalfi fundan en Jerusalén un hospital albergue para el hospedaje y cuidado de los peregrinos que iban a Tierra Santa. Este hospital estaba a cargo de piadosos varones de Amalfi los cuales tenían votos monásticos, estaban bajo las órdenes de un prior, que dependía de las autoridades benedictinas de Palestina.
El gobernador musulmán expulsó a los amalfitas que tenían a su cargo el hospital. En 1095-1096una vez se hubo conquistado Jerusalén Godofredo de Bouillón(primer rey de Jerusalén) otorgó importantes donaciones al Hospital que se convirtió en el principal centro de ayuda a los peregrinos.

El hospital tenia capacidad para 2000 personas y en él había una iglesia dedicada a San Juan Bautista.
Debido a la importancia adquirida el prior Gerardo de Tom desvincula al Hospital de las autoridades Benedictinas de Jerusalén, fundando una congregación que lleva por nombre Hermanos hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Se redacta una nueva regla inspirada en San Agustín aprobada en el 1113 por el Papa Pascual III.

Esta orden no ofrecía protección armada a los peregrinos, se limitaba a tareas de cuidar enfermos y hospedar peregrinos.
Raimundo de Puy segundo prior del Hospital (1118-1160) tomando ejemplo de LOS CABALLEROS TEMPLARIOS decidió añadir a la orden caballeros con los votos religiosos de castidad, obediencia y pobreza, preparados para defender con las armas a los peregrinos. Se crea así la segunda orden militar y hospitalaria (Recordemos que la primera orden militar era la de LOS CABALLEROS DEL TEMPLE 1118-1314). La divisa de estos caballeros era y es una cruz blanca.
Cuando el sultán Saladino los arrojo de Jerusalén y al conquistar los cristianos San Juan de Acre se establecieron en la ciudad, pero al ser expulsados de allí por los infieles en 1291 recurrieron al rey de Chipre
Para establecerse en sus estados.
En Chipre tampoco estaban seguros hostigados continuamente por los sarracenos y el rey que les había impuesto una exagerada capitulación. El gran maestre propuso retirarse a la isla de Rodas y esperar allí el momento para volver a entrar en Palestina.
No teniendo contingente suficiente para esta empresa de someter a la isla de Rodas,
el gran maestre pidió a los cristianos de Occidente una nueva cruzada, sin revelar el objetivo de la misma.
Los cristianos acudieron a la llamada y sitiaron la isla que tras cuatro años de asedio cedió y paso a ser de los hospitalarios en 1310 convirtiéndose en un lugar estratégico por espacio de dos siglos.
Muchas fueron sus luchas contra los Turcos.
En 1455, a las ordenes del gran prior de Auvernia Jacobo de Millay rechazaron el ataque de los turcos.
En 1480 se presenta delante de Rodas Mahomet II con una flota de 160 barcos y 100.000 hombres, la lucha fue feroz pero los caballeros de Rodas obtuvieron la victoria.
El sultán Solimán él magnífico en el 1522 con una flota de 400 naves y 140.000 hombres atacó la isla, tras una fuerte resistencia en diciembre de 1522 capitularon y abandonaron la isla. Después de andar errantes por Candía, Sicília e Italia Carlos V les cedió la isla de MALTA que fue la última residencia de la orden.
Los admitidos en la orden de MALTA se dividían en tres grupos:

  1. Caballeros Se admitían aquellos a quienes su noble linaje o el rango que habían ocupado en él ejercito.

  2. Capellanes Sacerdotes y clérigos.

  3. Hermanos sirvientes Se admitían a los hermanos legos que se reclutaban entre ciudadanos que no eran nobles ni eclesiásticos. Para ser admitidos tenían que ser hijos de padres honrados que no hubieran ejercido oficios serviles.

Él hábito de los caballeros de MALTA consistía en una túnica negra, con una capa en punta del mismo color; era obligado llevar, en el lado izquierdo, la cruz blanca de ocho puntas llamada cruz de las ocho beatitudes, estas puntas significaban a lo que tenían que aspirar.

  • Poseer el contento espiritual.

  • Vivir sin malicia.

  • Llorar los pecados.

  • Ser misericordiosos.

  • Ser sinceros y limpios de corazón.

  • Sufrir con paciencia las persecuciones.

  • Humillarse al ser ultrajados.

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