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Serenísimo y
Reverendísimo en Cristo Padre y Señor, Señor Clemente,
por la Divina Providencia, Sumo Pontífice de la
Sacrosanta y universal Iglesia Romana.
Nos, Jaime, por la Gracia de Dios, Rey de Aragón,
Valencia, Cerdeña y Córcega, Conde de Barcelona, porta
Estandarte de la Iglesia Romana, Almirante y Capitán
General, vuestro humilde y devoto hijo con toda
reverencia y honor besa vuestros pies venerables.
- Extraordinarios por demás y muy pesarosos sucesos han
llegado a nuestra noticia, ¡ojalá no fueran ciertos! La
enormidad es muy grande, hemos sabido por cartas que
sobre este particular nos ha remitido el ilustre
príncipe amado y consanguíneo nuestro Felipe, por la
gracia de Dios Rey de Francia, que los frailes de la
Orden de la milicia del Temple en sus estados, son
acusados de ciertos errores perniciosos, y en tanto que
se tienen en público con infamia por ciertas enormidades
sobre las cuales Santísimo Padre, nos dolemos de
corazón, y al saberlo nos causó una valientemente
admiración, por cuanto desde el principio de esta Orden,
según la pública creencia, y experiencia de sus hechos
la teníamos en muy buen concepto, por la exaltación de
la fe católica y aumento del culto cristiano, pues
dichos frailes no habían dejado de pugnar contra los
enemigos de la fe, y en esto; muchas veces morían,
siendo así que mientras de aquellos frailes de dicha
Orden que en nuestros estados y tierras han nacido y
conservado hasta ahora la consideración de una limpia
fama, según la común reputación de todos, y se han
tenido por laudables en público por Nos y se han hecho
abiertamente recomendables, y más de una vez les hemos
admirado, ignorando si ocultamente hacían alguna cosa, o
cualquiera cosa cometían secretamente con la cual
impugnasen a Cristo por cuya fe luchaban, o si cometían
algún insulto por cuya injuria batallaban, o si ofendían
la religión durante su vida a la que en muerte
procuraban imitar según la opinión universal.
Por cuyo motivo nuestros progenitores a ejemplo de los
cuales se procuraba combatir a los enemigos de la fe, y
en unión con ellos se luchaba también hasta que dichos
enemigos por la gracia de Dios fueron echados de sus
límites, ahora bien si de estos frailes se hubiera
tenido una opinión contraria, a tales expediciones no
hubieran sido llamados ni admitidos en los reinos y
estados suyos, ni tampoco concedidas tantas
prerrogativas y posesiones de tierras como hasta el
presente conocen.
Por todo lo cual Santísimo Padre no queremos ejecutar
así lo juzgamos rectamente, el proceder sobre este
asunto ni tomar resolución alguna hasta que sepamos por
medio de un rescripto de vuestra Santidad la verdad de
todo.
Suplicamos humildemente a Vuestra Santidad que si acaso
halláis en error a dichos frailes, hacédnoslo saber por
rescripto, así como vuestra resolución y estaremos
ciertos.
Santísimo Padre, conviene que a la manera que informéis
sobre esto a otros príncipes del mundo, Vuestra Santidad
nos informe, pues no menos que otros príncipes nuestros
progenitores han sido hasta el presente prontos para la
propagación del culto cristiano así como para la defensa
de la Sede Apostólica.
El criador de todas las cosas conserve vuestra sagrada
persona largos años para utilidad de su santa Iglesia.
Dada en Teruel XIII calendas Diciembre MCCC séptimo.
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