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Los
orígenes con un fundador mitológico, siempre han
sido reivindicados por los clanes, reforzando su
posición y status así como una noción romántica
y gloriosa de sus orígenes. La mayoría de los
más poderosos clanes apuntan a orígenes basados
en la mitología celta. Así por ejemplo
observamos la rivalidad entre el Clan Donad, que
dice descender o bien del rey Conn Cétcathach
del Ulster allá por el siglo II después de
Cristo, o bien de Cú Chulainn, el legendario
héroe del Ulster; y los Campbell que aseguran
descender de Diarmaid Torc, personaje enraizado
en el ciclo de los Fenianos o de Finn mac Cumall.
Por otra parte, como los MacKinnons o los
MacGregors afirman tener un antepasado común en
Alpin, misteriosos rey cuyo también misterioso
hijo Kenneth mac Alpin, unió los reinos de Dál
Riada y los pictos hacia el 844. Sólo una
confederación de clanes, como los MacSweens, los
Lamont, los MacLeys, los MacLachlan y los
MacNeill, los cuales florecieron en Kintyre y
Cowal a principios del siglo XII, dicen
descender del poderoso rey irlandés del siglo V
Niall Noígiallach (de los nueve rehenes). En
realidad, los progenitores de los clanes rara
vez pueden ser datados con fiabilidad más allá
del siglo XI, y la continuidad en los linajes no
se produce hasta los siglos XIII o XIV.
La emergencia de los clanes poco tiene que ver
con un rasgo étnico, están más asociados a giros
políticos y oportunidades basadas en el momento
social. La reconquista por parte de la Corona
escocesa de las islas occidentales del poder
noruego en el 1263, y la pacificación de las
rebeliones de Moray en los siglos XIII y XIV,
dio las oportunidades para que nobles, señores
de la guerra e incluso poderes eclesiásticos,
con la ayuda inmediata de sus acólitos, pudieran
imponer su dominio sobre familias de estos
lugares por vías pacíficas o por la fuerza.
Aunque estos nobles y señores de la guerra
pudieran ser catalogados como de origen gaélico,
sus orígenes se trazan desde raíces
gaélico-noruegas, bretonas, e incluso pictas.
Incluso la inestabilidad que supuso las guerras
de independencia con la Corona inglesa a finales
del siglo XIII y principios del siglo XIV,
trajeron consigo un debilitamiento del poder de
todos estos jefes “gaélicos”, permitiendo el
desarrollo de familias y clanes de origen
anglo-normando como los Fraser, Chisholm, los
Grant y muchos otros.
Otro punto que hizo florecer la cultura de los
clanes, también durante las guerras de
independencia, fue la introducción por Robert de
Bruce de derechos feudales y de títulos de
propiedad que concedió a los clanes por sus
servicios. Grandes porciones de tierra fueron
concedidas por la Corona escocesa a los jefes de
clan por su ayuda contra la causa inglesa. Esto
produjo que clanes como los MacDonald, fuesen
elevados a un rango superior sobre otros como
los MacDougall con los que compartían un mismo
origen, en Somerled el gran señor de la guerra
gaélico-noruego del siglo XII. El subsecuente
poderío que alcanzaron los MacDonald como
Ceannard nan Eilean o Señores de las Islas
durante los siguientes dos siglos, hizo
oscurecer el hecho de que, al igual que sus
rivales los Campbell, habían conseguido su
posición no sólo por el poder de su familia y
una asociación de tipo local, sino también por
la entrega por parte de la Corona de una
influencia territorial. Los clanes se pueden
definir entonces como el producto de una
asociación de familias o grupos familiares de
origen común y del resultado del feudalismo.
Este componente feudal, creció y se fortaleció
gracias a la ley escocesa que separa la cultura
de clan de la cultura tribal; así como lo que
históricamente diferencia los clanes escoceses
de los grupos aborígenes de África, América o
Australia.
La estructura de
los clanes
La
autoridad del clan
La cultura de los clanes contiene dos
conceptos complementarios y a la vez distintos
de lo que es patrimonio. La herencia colectiva
del clan, su duthchas, era su derecho a
asentarse en territorios en los su jefe o la
clase dirigente habituaran a dar protección.
Este concepto significa que la autoridad del
jefe como guardián de la seguridad del clan era
aceptada por el resto; éste reconocimiento del
jefe es antiguo y es intrínseco al clan. No
obstante, la amplia aceptación de los títulos
otorgados por la Corona o por otros nobles,
señores, jefes de clan o terratenientes se
define como su oighreachd, y le confiere un
énfasis diferente a la autoridad del jefe. Este
concepto se refiere a un patrimonio individual y
confiere al jefe el título de propietario de la
tierra (posee la tierra como un derecho propio,
no como una heredad colectiva del clan). La
ausencia de este concepto diferencia a los
sistemas de clanes de los irlandeses de los
escoceses. Por supuesto los dos conceptos pueden
coexistir, y desde los comienzos del sistema de
clanes en Escocia, los fine (la élite de los
guerreros del clan), pudieron ser propietarios
de tierras así como señores de la guerra
territoriales.
Los
clanes y la ley
Mientras que
en la Edad Media el concepto de duthchas
prevaleció, la balanza se decantó por el
concepto de oighreachd en la época moderna. Este
cambio refleja la continua importancia de la Ley
Escocesa para conformar la estructura del
sistema de clanes. Sumado a la concesión de
títulos, la continuidad de la sucesión
hereditaria estaba asegurada por la aceptación
del primogénito, el tanasite. Este concepto
designaba al heredero varón directo del jefe.
Los procesos legales usados en las disputas
dentro de los clanes, ya sea de tipo civil o
criminal, se realizaban por el arbitraje. Las
dos partes presentaban sus casos ante un grupo
de nobles del clan, sobre los cuales estaba el
jefe de clan. En las disputas entre clanes, los
jefes actuaban como procuradores de cada una de
las partes ante un consejo formado por la mitad
de nobles de uno y otro clan, encabezados por
otro jefe de clan o señor vecino. El arbitraje,
que no contemplaba apelaciones, era registrado
según convenía en la corte real o en otra de un
noble superior, y estaba basado en reparaciones
más que en retribuciones. La compensación que se
daba a la parte agraviada dependía de variables
como son la edad, status y responsabilidades
familiares de la víctima, así como de la
naturaleza del crimen. En pago a la reparación,
la parte ofensora o agresora, era indemnizada
por cualquier acción de desagravio. Este proceso
dependía al final de la buena voluntad en hacer
la reparación.
Clanes y
lazos sociales
Las formas
más importantes de vínculos sociales dentro de
los clanes, a parte de los grupos legales, eran
la adopción y el arrendamiento. El matrimonio,
que reforzaba los lazos entre clanes vecinos así
como el parentesco entre diversas familias
territoriales, también era un “acuerdo
comercial” que involucraba cambios de bienes,
dinero y tierras a través de pagos que en el
caso de la novia era el tocher, y en el caso del
novio la dote. Muchos de estos aspectos fueron
reprimidos durante la Reforma.
A la inversa, la adopción, el criar a los hijos
de otros nobles, cementó los lazos de tal forma
que no era difícil encontrar a medio-hermanos
que daban su vida por salvar la vida del otro o
del mismo jefe de clan.
La tercera forma de relación era el
arrendamiento. De esta forma, familias satélites
que no estaban en la nobleza y que se afiliaban
para recibir protección territorial. Los
vínculos de arrendamiento estaban reforzados por
el pago de los “derechos de muerte”. Cuando la
cabeza de la familia arrendataria moría, sus
familiares tenían que pagar normalmente con la
mejor vaca o caballo al jefe de clan en
reconocimiento de su protección y como símbolo
de la alianza personal. Aunque estos métodos
fueron tildados como opresivos por el Parlamento
en 1617, la necesidad de protección no pudo ser
proscrita por la legislación y el arrendamiento
continuó aplicándose.
La
administración del clan.
Todos los
miembros del clan que vivían en una posición
cercana al jefe y a la nobleza del clan, pagaban
rentas y el diezmo; aquellos fuera de estas
posiciones sólo pagaban el diezmo. Estos pagos,
que podían ser en dinero, especias o trabajo,
eran canalizados por los recaudadores, baja
nobleza que servía como lynch-pins o
“linchadores” del sistema de clanes y que daban
una tangible fuerza de protección, hospitalidad
y de uso de los recursos productivos del clan.
Hasta el advenimiento generalizado de la
escritura, en el siglo XVI las propiedades del
recaudador, eran mantenidas por el jefe de clan
y por sus terratenientes de acuerdo a la
tradición oral. Su papel era esencialmente el de
administradores que tenían la labor de conseguir
una suficiencia confortable para granjeros,
ganaderos y artesanos así como para la nobleza
del clan.
La unidad básica de administración para el
recaudador era la baile o la villa, que suponían
un mantenimiento de cuatro a dieciséis familias,
a las cuales le era asignado una propiedad
individual pero trabajaban en la tierra comunal.
En este contexto los recaudadores
particularizaron su administración: supervisando
la recogida de las cosechas y la organización de
los movimientos de ganado a pastos de verano.
Su papel de administradores tendió a ser añadido
al militar como movilizadores de las huestes del
clan. Las fuerzas del clan eran movilizadas
durante los periodos estivales que no tenían
actividad agraria, para asignar un trabajo a los
hombres del clan que de otro modo se dedicarían
al pillaje. De este modo, en el mes de Agosto
era el tradicionalmente dedicado a las cacerías
y los juegos de virilidad, que posteriormente se
han convertido en los Juegos de las Tierras
Altas. Las movilizaciones militares servían como
advertencia a los nobles y clanes vecinos para
que frenaran sus posibles ambiciones.
De todas formas, las reuniones de los hombres de
clan por razones sociales y recreativas no
estaba exenta de un carácter militar, pudiendo
(debido a las ingentes cantidades de bebida
ingeridas) acabar en desórdenes producidos por
motivos de sentido del honor, o por disputas por
el rango de algunos individuos.
Los
clanes y los Steward.
A pesar del colapso del Ceannard nan Eilean en
1493, la Corona Escocesa bajo control de la casa
de Steward desde mediados del siglo XIV hasta
comienzos del siglo XVIII, no tuvo una política
coherente con el Gaeldom o dominios gaélicos
salvo expediciones represoras contra clanes
díscolos. Después de la Unión de las Coronas de
1603, Jacobo VI no abandonó este tipo de
acciones, al contrario, expropió rigurosamente
los bienes de tres clanes (los MacDonald de
Kintyre e Islay, a los MacLeod de Lewis y a los
MacDonald de Ardnamurchan) y proscribió a otro,
los MacGregor. También dictaminó que los jefes
de clan y sus nobles deberían permanecer atados
por un gobierno local, una política que fue
menos restrictiva en tiempos de su hijo Carlos
I, cuyo poder político en Escocia se vio
eclipsado por el movimiento Covenanter en 1638.
Guerras
civiles.
El apoyo de los clanes a los Steward como
gobernantes hereditarios de Escocia se basó
primeramente en la proyección de valores
tradicionales del sistema de clanes en un marco
nacional. Los jefes de clan eran los protectores
de duthchas como lo eran los Steward de Escocia.
Al mismo tiempo el apoyo de los clanes a Carlos
I en las guerras civiles de 1640 fue
esencialmente reaccionario. Los clanes que se
declararon inequívocamente por la causa realista
lucharon menos a favor de la ausencia del
monarca que contra el movimiento Covenanter, el
cuál pidió un apoyo ideológico, financiero y
militar a los escoceses sin precedentes. Mucho
más acertado sería ver en este apoyo una
reacción contra las poderosas casa nobles
dominantes, sobre todo aquellas de Argyll y
Sutherland, cuyo apoyo a la causa Covenanter
escondía ambiciones políticas y territoriales.
Las guerras civiles no dividieron más a los
clanes que al resto de Escocia. La religión fue
uno de los factores principales de mantener a
algunos clanes fuera del Levantamiento Jacobita
de 1689. Los esporádicos esfuerzos de las
misiones católicas en las Tierras Altas sirvió
para solidificar la oposición de los clanes
realistas a la destitución de Jacobo VII. Este
rey se había ganado el favor de los clanes
cuando siendo aún Duque de York, durante el
reinado de su hermano, instituyó una comisión
para pacificar las Tierras Altas en 1682 que
contó con el apoyo de los jefes y los nobles
para mantener el orden. Además Jacobo mostró una
notable responsabilidad de enmienda en el
desagravio que produjo la codicia de la casa de
Argyll y de los Campbell en general.
Los
clanes y los Jacobitas.
A la muerte
de Jacobo en 1701, el apoyo de los clanes a su
hijo “el Viejo Pretendiente”, y a su nieto
Carlos Eduardo “el Joven Pretendiente”, fue el
resultado de la antipatía que causó en Escocia
el Tratado de Unión de 1707. Pero como la Unión
dejó sobrescrito el establecimiento del
Presbiterianismo y a abrió a los escoceses los
mercados ingleses e imperiales, esta ganó apoyos
en los subsecuentes levantamientos de 1715, 1719
y sobre todo en el de 1745, y así se retomó el
carácter de guerras civiles en Escocia. Estas
rebeliones estuvieron marcadas por las continuas
divergencias de opinión entre los diversos
clanes de las Tierras Altas y también de las
Tierras Bajas. Baste como ejemplo el decir que
el jefe de los Mackintosh del Clan Chattan
levantó una compañía de 600 hombres en apoyo de
las fuerzas inglesas y que sólo 9 de esos
hombres desertaron para unirse al contingente
que su mujer levantó en apoyo del “Joven
Pretendiente”. El gobierno británico de Londres
encontró numerosas dificultades en contrarrestar
este levantamiento, en las mismas Tierras Altas,
primeramente debido a la barrera lingüística
(era una zona gaélico-parlante) y sobre todo por
tratarse de un territorio no amistoso con los
ingleses.
Cada levantamiento Jacobita fallido fue seguido
por una brutal represión contra el sistema de
clanes y contra los mismos clanes. El gobierno
del rey Guillermo de Orange tuvo mucho que ver
en la masacre de los MacDonald de Glencoe en
febrero de 1692. Pero lo peor estaba aún por
llegar. Después de la desastrosa derrota de
Culloden en abril de 1746, el gobierno británico
practicó una ataque frontal y directo al sistema
de clanes no con un motivo represivo, sino para
su total eliminación. Muchos hombres y mujeres
fueron desterrados de sus tierras en las
Clearances o limpiezas étnicas de las Tierras
Altas. Los cautivos jacobitas que sobrevivieron
a los duros presidios de Carlisle, York o
Londres fueron enviados a las plantaciones
americanas o al Caribe. Se eliminó por
anacrónico el derecho de los jefes de clan a
dispensar justicia y su poder de llamada a las
armas. Se prohibió el uso del tratan y el
gaélico fue proscrito. El sistema de clanes fue
herido de muerte.
Miembros
del clan.
La siguiente
lista trata de nombrar los distintos miembros y
sus respectivos oficios u obligaciones que
componían un clan. Estos datos son anteriores a
1745, cuando la vigencia de los clanes era aún
total. El número y existencia de todos estos
dependía de la importancia del jefe. Los nombres
los reflejo con su original en gaélico y un
intento de traducción al castellano. Lamento las
posibles incorrecciones que puedan encontrar los
puristas, pero las traducciones del gaélico
lamentablemente aún deben hacerse a través del
inglés y no directamente como se debería hacer.
No pretendo que sean traducciones rígidas,
muchas de estas palabras no tienen una
traducción directa ni al inglés ni al
castellano, son sólo aproximaciones para que el
lector conozca el significado y el sentido que
los gaélicos quisieron dar a esas palabras.
La aparición en la forma gaélica de la palabra
“an” o “am”, no es otro que el reflejo del
artículo determinado “el, la”. Al no haber
artículo indeterminado en gaélico, cuando
queramos decir “un bardo”o “bardo” usaremos sólo
“bard”, en contraposición a “el bardo” o “am
bard”.
· Ard Ghillean an-tighe – (nobles o cortesanos):
Su número dependía de la importancia del jefe.
· An Seanachaidh – (el genealogista del clan,
historiador): En un principio su función estaba
asociada al de curandero también. Su deber era
mantener y guardar toda la historia del clan,
saber las genealogías de los jefes y sus
familias; haver las presentaciones del jefe en
las asambleas; hablar en las ceremonias de
nombramiento de un nuevo jefe, en los
nacimientos y en las oraciones de los funerales;
y sobre todo, investir al nuevo jefe.
· Am Bard – (el bardo): Fue a veces sinónimo del
seanachaidh. Era un cargo generalmente
hereditario.
· An Clarsair – (el arpista): Cargo a menudo
hereditario.
· Am Mariscal-tighe – (el senescal): En todas
las grandes casas había dos senescales, el
primero estaba versado en la genealogía del clan
y situaba a cada invitado con su varita blanca
en su lugar en las reuniones.
· Am Bladier – (el portavoz): Llevaba los
mensajes del jefe (que al principio eran orales
en vez de escritos). Leía las proclamas del
jefe.
· Am Fear Sporain – (el que lleva la bolsa): Era
el tesorero.
· Am Fear Brataich – (el abanderado): Llevaba el
estandarte del clan. Un cargo hereditario.
· Am Piobaire – (el gaitero): Cargo hereditario.
· An Gille-mór – (el que lleva la espada o la
armadura): También llamado el Gallóglach. Su
deber era llevar el clogaid o yelmo y la
claidheamh-da-laimh o mandoble del jefe. Como la
armadura era molesta en las marchas, era su
deber llevarla.
· An Gille-coise – (el secuaz): Este cargo era
lo más parecido al de guardia personal del jefe.
Permanecía armado detrás del asiento del jefe en
las reuniones, y si el momento lo requería,
aparecía para proteger a su señor.
· An Luchd-tighe – (el guardaespaldas): Este
cuerpo lo formaban todos los jóvenes nobles,
escogidos de entre los mejores del clan. Estaban
bien entrenados en el uso de la espada, la lanza
y el arco, y eran diestros en la lucha y la
natación. Aquellos que pertenecían a clanes
costeros además tenían grandes habilidades en el
manejo de botes y embarcaciones o biorlinn.
Cuando la residencia del jefe estaba en una isla
en medio de un lago o en un crannog o fortaleza
de troncos, los luchd-tighe permanecían en
tierra firme en barracas manteniendo un cuerpo
de guardia para tener un acceso despejado al
recinto.
· Am Fear Fardaiche – (el oficial de
intendencia): Sus deberes estaban orientados a
proveer de refugio tanto a los propios del clan
como a los extranjeros que solicitasen cobijo.
No tenía tierras, a cambio recibía las pieles de
todo el ganado sacrificado en los festivales o
que se robaba en los creach o pillajes tan
comunes en las Tierras Altas.
· An Cupar o Gille-copain – (el que lleva la
copa): Solía haber varios gille-copain
dependiendo de la importancia del jefe. Su
cometido era el de probar cada copa que se
llevara a la mesa. Recibía tierras en título
propio de manos del jefe. Era un cargo
hereditario.
· An Gocaman – (el celador, el vigía):
Permanecía vigilante en lo alto del castillo o
fortaleza del jefe.
· An Forsair – (el montaraz): Gracias a sus
servicios el señor podía cazar en los claros de
los bosques.
· An Gille-cas-fhliuch: Un sirviente cuya
obligación era la de llevar a sus espaldas al
jefe cuando se vadeaba un río en las marchas a
pie.
· An Gille-couston: Era el jefe de las cuadras
del clan y cuidaba al caballo del señor.
· An Gille-comhsreang: Un guía que conducía al
caballo del jefe en los pasos angostos.
· An Gille-trusairneis: el paje, el cuál tenía a
su cargo los caballos de carga.
· An Leic-chneas: Un confidente o consejero
privado.
· An Gille-sguain: Se dice que cuando el Señor
de las Islas estaba en el poder, el gille-sguain
era designado fear sguabhdh dealt, cuyo deber
era limpiar el rocío del suelo antes de que
pasase su amo.
· An Gille-chlasair – (el ayudante del arpista):
Cargaba con el arpa de su señor.
· An Gille phobaire – (el sirviente del
gaitero): Llevaba las gaitas y presentaba a su
señor ante otros gaiteros. Este ayudante sólo
era común en gaiteros de alto rango.
· An Gille-ruith: Un soldado de a pie.
· An Cleasaiche: El bufón del jefe de clan.
Doy
gracias al clan Mac Griogair |