AÑO II

- 2006 -   


DOCUMENTOS
LOS DIOSES SOLARES

La historia del Dios Sol contenida en casi todas las religiones anteriores al Cristianismo es la siguiente: su vida queda enmarcada dentro de los seis primeros meses del año solar, quedando los seis restantes dedicados a la protección general. Su nacimiento tiene lugar siempre en el solsticio de invierno, en la madrugada del día 25 de diciembre, cuando el signo Virgo asciende en el horizonte, por lo que nace siempre de una virgen que ya lo era antes del parto y permanece inmutable después de él.
El Dios Sol viene a la vida débil, como un niño, en los días más cortos del año y cuando la oscuridad de la noche amenaza su tierna infancia. El dominio de las tinieblas de la noche supera al suyo en los primeros días, pero consigue vencer todos los peligros y su reino de luz va ganando espacio progresivamente hasta que, llegado el equinoccio de primavera, lo que supone la igualdad de horas de luz y de tinieblas, traspasa, cruza la barrera y comienza a dominar el reino de la luz, elevándose cada vez más, triunfante y glorioso -asciende a los cielos- y maduran el grano y el racimo con su substancia, que después entrega a sus adoradores. El Dios Solar nace siempre en el solsticio de invierno y muere en el equinoccio de primavera -fecha variable, pues depende de la posición relativa del sol y de la luna- Tales sucesos están repetidos en la vida de varios dioses solares que precedieron a Cristo. Y, al igual que a María, se le reconocía por ejemplo a Isis ser en Egipto Reina del cielo, Madre de Dios o Nuestra Señora Inmaculada, y se le representaba de pie sobre una media luna, coronada de estrellas y dando pecho a su hijo Horus. La misma estampa se repite con Devaki y su hijo Krisna, y con Istar de babilonia y su hijo Tammuz.
Mitra, Horus, Krisna, Tammuz, Zaratustra y otros más tuvieron al igual que Jesús, un nacimiento de tipo divino. Entre los pueblos influidos por la cultura céltica (gaélicos, escoceses, bretones, gallegos, etc.), actualmente se encienden hogueras el 25 de diciembre en honor a Cristo, pero, con anterioridad, los celtas ya lo hacían en honor a Baal, el Dios Sol, en la misma fecha.
Es importante destacar la cronología de la festividad de la Candelaria -el 2 de febrero- exactamente dispuesta en el punto medio entre el solsticio y el equinoccio y cuya Fiesta y celebración consistían; en encender lámparas con una clara intención simbólica de apoyo al triunfo de la luz. En ese momento, el triunfo de la Luz es, más que una promesa, una realidad temprana.
Seguidamente, el comienzo de la Cuaresma, con la imposición de una dieta estricta, trata igualmente de debilitar el cuerpo (cuerpo = pasiones = tinieblas), favoreciendo el triunfo de la espiritualidad".

La muerte del Dios Solar
"La muerte y posterior resurrección del Dios Solar en el entorno del equinoccio de primavera son aspectos tan difundidos como el de su nacimiento en el solsticio. En esa época se recordaba la muerte de Osiris, a quien se la representaba sobre un círculo con los brazos abiertos en clara relación con los cuatro elementos: pies en Cáncer (Agua), cabeza en Capricornio (Tierra), brazos en Aries (Fuego) y Libra (Aire). El hombre así representado es aquel que integra en su esencia los cuatro elementos. No había en dicha representación ninguna connotación de dolor, sino más bien el símbolo del triunfo y su actitud de brazos abiertos era la de otorgar bendiciones.
Tammuz en Siria y Babilonia, Mitra en Persia, Dionisio en Grecia y otros más eran igualmente llorados a su muerte en la misma fecha.
Es igualmente interesante señalar que el período que precede a la muerte en el equinoccio -la Cuaresma-, en el que se imponía el ayuno, es una figura instituida en todas esas mismas civilizaciones anteriores al Cristianismo, en las que se veneraba a un Dios Solar: Egipto, México, Persia, Asiria y otras".

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