AÑO II

- 2006 -   


DOCUMENTOS
FULCANELLI

Fue uno de los mejores alquimistas de todos los tiempos, pero se desconocía la verdadera identidad de Fulcanelli. Nos explica Nacho Ares en su artículo En busca del legado de Fulcanelli- que era un sabio que consiguió interpretar con éxito el significado de la alquimia y su representación en las gigantescas catedrales góticas. Todo parece indicar que Fulcanelli llegó a descubrir algo sorprendente momentos antes de desparecer de nuestro entorno, no sabemos si físicamente o sólo socialmente. Su discípulo, Eugène Cansielet, defiende que tras una transmutación en el laboratorio de la Compañía del Gas de París en 1921, Fulcanelli le confió las dos obras maestras El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales.

¿Debe relacionarse este importante hallazgo con la legendaria piedra filosofal, tal como han señalado algunos investigadores? -se pregunta Ares-. Quizás, su repentina desaparición pudo estar directamente relacionada con este hecho.


Parece ser que Fulcanelli anunció con una precisión pasmosa los peligros que traería la utilización de la energía nuclear. En 1946, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, tras la liberación de Francia, los servicios secretos de los Estados Unidos conocieron este precedente. En un intento por contactar con el misterioso profeta y así conocer todos los secretos del átomo, los americanos persiguieron con ahínco, aunque sin éxito, la última pista dejada por Fulcanelli, pero este habia desaparecido hacia ya una década.


Se entiende por piedra filosofal a la fórmula mágica que convertiría el plomo en oro no. Según Fulcanelli- no es la transmutación de los metales, sino la del propio experimentador".
Asegura Ares-. Nuestra visión sobre la alquimia medieval se transformaría radicalmente si empleáramos, por ejemplo, El misterio de las catedrales como una especie de libro-guía De Notre-Dame de París. Impregnados de la propia esencia del texto, captaríamos rápidamente los contenidos de la obra de Fulcanelli siguiendo las pistas que nos ofrecen sus páginas. Desde el diseño de la planta de las catedrales inspirada en la cruz ansada de los egipcios, en donde la girola es el asa de este instrumento, a la identificación de los metales con los planetas, el libro de Fulcanelli está repleto de simbolismos. Con ellos este alquimista del siglo XX pretendía dar a entender que su ciencia era un lazo de civilizaciones desaparecidas hace milenios; culturas que aún hoy son ignoradas por los modernos arqueólogos. Según él algunos de estos pueblos antiguos fueron destruidos por el mal uso de la energía atómica; energía que sus alquimistas ya conocían desde mucho antes de que se redescubriera a mediados de nuestro siglo.


Ares nos dice que: Es mucho lo que se ha escrito sobre la vida de este alquimista contemporáneo, si bien la mayor parte de sus biografías están basadas en testimonios bastante inciertos. Sumido en la más oscura de las leyendas, nada seguro es lo que sabemos de los orígenes, verdadero nombre y las circunstancias que rodearon a su aparición y desaparición en el entorno esotérico. La única persona que conoció con seguridad a Fulcanelli, su discípulo y el hombre que divulgó los manuscritos de El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales, Eugène Canseliet, siempre se negó a desvelar la verdadera identidad de su maestro Fulcanelli. Se a llegado a especular que Cansaliet era el propio Fulcanelli pero esto jamás se llego a comprobar.


Hay quien ha llegado a afirmar que Fulcanelli fue la reencarnación del famoso alquimista del siglo XIV Nicolás Flamel. Este fue el autor de una obra titulada el Libro de las figuras jeroglíficas, texto por el que Fulcanelli sentía una gran devoción. Llegó incluso a considerarse como discípulo del propio Flamel.


Jacques Bergier, llegó a conocer al alquimista un día de junio de 1937. La entrevista que mantuvo con él; fue publicada en su ya clásico El retorno de los brujos, escrito junto a Louis Pauwels. Aunque el personaje que se hacía llamar Fulcanelli dominaba el mundo de la alquimia, Bergier, nunca pudo asegurar al cien por cien la autenticidad de aquel "Fulcanelli" ya que en aquel entonces era demasiado joven.

 

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