AÑO II

- 2006 -   


DOCUMENTOS
CONSTRUCTORES - La masonería

Bayard nos dice: "Próxima al gremio, esta organización corporativa se diferenciaba de él en algunos aspectos. No se trata ya de obreros sedentarios, sino de obreros itinerantes que, en cada región, estudian nuevas técnicas y al mismo tiempo transmiten los conocimientos previamente adquiridos. Tienen un sentimiento de fraternidad más acendrado que el de los ciudadanos; obligados a vivir a pie de obra, en lugares alejados de su tierra, se unen más íntimamente y crean un grupo que tiene sus propias leyes, hábitos y costumbres. Se transmiten los secretos de la profesión, principalmente los referentes a la talla correcta de la piedra respetando su polaridad".


La iglesia les reprocha su lenguaje particular, su solidaridad y su juramento, y les condena. Se condena asimismo el secreto iniciático, ya que los jueces no pudieron conocer más que las formas externas, los rituales basados en símbolos y fórmulas utilizados también por la iglesia católica romana.


Los masones, que dicen que su orden se remonta al rey Salomón, afirman que este grupo tenía un pasado mucho más antiguo, anterior al Cristianismo. Sus ceremonias y su pensamiento translucen un sincretismo pragmático, una religión cósmica cuyo arcano está fuera de toda expresión.


El carácter sagrado, a menudo incluso sacerdotal, de las asociaciones de constructores, se percibe en documentos datados y en el análisis de las construcciones y de la vida entre los persas, los caldeos, los sirios, los egipcios y, por supuesto, los griegos y romanos. Entre los celtas se intuye el mismo sentimiento.


El edificio se erige a imagen del gran mito solar; el sacerdote, que representa a Dios, es investido con poderes que le permiten designar el lugar donde debe levantarse el templo, la orientación y las dimensiones del edificio, y las principales representaciones simbólicas, tales como los números, los colores y los ritmos. El templo se convierte en un símbolo axial que santifica el espacio que le es consagrado; es un centro del mundo y el sacerdote es el elemento que permite el intercambio entre la tierra y el cielo.


Todas estas realizaciones antiguas atestiguan que algunos hombres que poseían técnicas probadas emprendieron grandes trabajos y transmitieron conocimientos adquiridos penosamente, sólo a oídos escogidos, a aquellos que tenían las cualidades naturales necesarias para recibirlos y aprovecharlos. La actividad se desarrollaba dentro del más profundo humanismo, en la veneración al Principio creador al que se erigía una suntuosa morada. El gesto, sagrado en sí mismo, unía lo material y lo espiritual. Incluso en el antiguo Egipto, muy racionalista, los dos principios se unen: a la arquitectura material corresponde una arquitectura sagrada, con sus leyes morales.
Mircea Eliade nos dice en en Forgerons et Alchimistes: Para demostrar que la francmasonería se inspira en los más secretos valores, en los Principios tradicionales, esta orden afirma que proviene de Adán, y a veces de Noé, e incluso de Dios, el Creador de la luz, esa luz tan buscada por todos los grupos iniciáticos.


Marius Lepage nos dice que la orden no tiene un origen humano que pueda descubrirse, que ha existido desde siempre como una expresión del pensamiento humano. Sin embargo, las obediencias creadas por los hombres son de formación reciente y si que es posible descubrir cómo nació ese espíritu, con sus ritos y sus valores iniciáticos, como hemos heredado las tradiciones más antiguas y cómo pudo establecerse esta filiación de eslabón en eslabón sin deformar demasiado el pensamiento original. Según Louis Lechat, estas asociaciones de constructores existían bajo el reinado del segundo rey de Roma, Numa Pompilio.


Entre el 493 y el 526, los canteros, magistri comiciani, eran expertos arquitectos. Sus estatutos parecen que estan basados en una especie de contrato tipo que adquiere mayor consideración con el edicto de Rothari, del 22 de noviembre de 643, las disposiciones de Ina del 688 al 725, y las de Alfred, del 871 al 901. En la asamblea general del año 936, Athelstan estableció en York, Inglaterra, una escuela de masonería, en la que situaría a la cabeza a su hermano Edwin.
Una orden capitular de Carlomagno del año 779 y después una de Hincmar, arzobispo de Reims en el siglo IX, prohiben los gremios. Basándose en los gremios y los comerciantes ingleses de 856, Etienne Boileau, preboste de París, publica el Libro de los oficios en 1258.


En Italia, hacia el año mil, los magistri comiciani deben restaurar las iglesias o construir nuevos santuarios en Europa.
La primera gran asamblea de la que tenemos noticia tuvo lugar en Estrasburgo en el año 1275; otros estatutos se elaboraron en Trèves (1397), Erfurt (1423), Ratisbona (1459), tomando como base los de Estrasburgo.
En general, estos grupos veneran a Juan Bautista en tanto que santo patrón. Más tarde, se admite como patrón también a San Juan Evangelista. También veneran a los honran igualmente a los cuatro "mártires coronados", canteros, que permanecieron fieles a su fe cristiana y fueron condenados y ejecutados bajo el reinado del emperador Diocleciano.
Las fórmulas católicas que existían en los Antiguos Deberes fueron suprimidas de las Constituciones masónicas de 1717 para reflejar el espíritu ecuménico.


La mayor parte de los documentos al respecto se han conservado principalmente en Inglaterra.
Desde finales del siglo X, los hermanos conversos, y después los obreros seglares, reemplazaron a los monjes en el mundo de la construcción y éstos se consagraron a otros deberes espirituales. Los maestros de obras son escasos en el siglo XII.

Del arte cisterciense a la arquitectura de los templários

Según Bayard para hacer un recorrido desde el arte cisterciense hasta la arquitectura templaria; hay que tener en cuenta que: "en el siglo VI, San Benito fija las normas de la vida monástica. El arte cisterciense predica la pobreza y la renuncia. El monasterio es una "escuela al servicio del Señor", un "taller" donde se enseña a amar.
Roberto, abad del siglo XI, se retira junto con algunos monjes a Solesmes para vivir en esta austeridad; en 1098 funda la abadía de Cîteaux, origen de una sorprendente eclosión arquitectónica (al final de la Edad Media, hay setecientos cuarenta y dos monasterios cistercienses). Gracias a la simplificación de las líneas arquitectónicas y a la ausencia de esculturas, de pinturas y de vidrieras coloristas, la vista no se distrae con lo que podríamos llamar la suntuosidad de la decoración. Por el contrario, el volumen de las masas, la armonía que se observa bajo la iluminación perfectamente equilibrada y la buena acústica, inducen al fervor místico, a la búsqueda de Dios. En esta configuración (llamada también "Bernardina") no hay nada que distraiga el pensamiento. Ni galerías ni tribuna; las pequeñas aberturas dejan al edificio en penumbra; sólo la piedra, desnuda, está labrada y aparejada con esmero. La orientación de la capilla predispone a la oración.


Las abadías cistercienses responden todas a la misma configuración, salvo pequeñas variaciones por cuestiones de implantación.


San Bernardo hacer aplicar rigurosamente la Regla de San Benito; las iglesias tienen dimensiones modestas. Rechaza el ábside circular e impone el de planta cuadrangular, prohibe además excavar en el muro recto para instalar en él capillas secundarias.


Estas normas, impuestas por Bernardo entre 1134 y 1153, no fueron del gusto de todos y tras la muerte de este personaje tan célebre y temido, el arte cisterciense se transforma, influenciado por Cluny.
La reforma cisterciense, con su regreso a la simplicidad, no impidió la expansión, la grandeza y la belleza ornamental defendidas por Cluny. No es la decoración de los palacios ni de las casas lujosas, es una decoración mística cuyo valor sagrado habla a todos los que necesitan ser instruidos, pues los devotos y los peregrinos no son especialistas del pensamiento cristiano. El edificio se convierte así en un verdadero "libro de piedra", cuya misión es enseñar.
Nos dice Bayard en lo que a la arquitectura templaria se refiere que suele pensarse en ella "como en algo muy particular", si bien "la arquitectura ya se hallaba en pleno apogeo" cuando los templarios comenzaron a construir sus edificios.
"Los templarios erigieron las construcciones que necesitaron siguiendo la configuración de los monasterios cistercienses, según las ideas de Bernardo de Claraval, que además fue quien redactó su regla. En las encomiendas rurales, los edificios rodean un patio cuadrado o rectangular; la capilla se sitúa en el sur y el refectorio en el norte. En 1139, el Papa Inocencio II concede a los templarios el derecho a construir capillas, cuyas celebraciones deberán ser oficiadas por capellanes-profesos.


Las capillas que construyeron generalmente son de pequeñas dimensiones. Esto se debe principalmente a que la orden estaba muy dispersa (a sus capillas sólo acuden algunos habitantes del entorno rural), pero también a que siguen la doctrina de Bernardo de Claraval, que censura la altura excesiva de las iglesias que las hace semejantes a terribles glaciares, en los que el frío paraliza el cuerpo.
Los templarios, sobre todo en Tierra Santa, edificaron sus capillas con una severidad propia de la arquitectura militar. Para contrarrestar los enormes pesos laterales utilizaban arcos de descarga. Tanto en la fortaleza de Krak, que renuevan, como en Chastel-Blanc (Safita), eligen pequeñas capillas rectangulares de una sola nave, a menudo con tres tramos de bóveda de cañón sobre arcos perpiaños, un presbiterio recto o un ábside semicircular cubierto por una bóveda de cascarón e iluminado por un triplete. Estos edificios poseen además pequeñas aberturas al sur, un pórtico sencillo con varias columnas (normalmente en número de tres) y algunas esculturas; la ventana central, arriba, termina en un aguilón truncado por una espadaña.


Esta planta sencilla, la más utilizada, refleja la disciplina de esta orden, a la vez religiosa y militar. Contrariamente a lo que afirma Viollet-le-Duc, los templarios no solían construir iglesias circulares. Admiraban el Templo de Jerusalén, a cuya defensa se consagraron, y efectivamente apreciaron su planta circular, centro del mundo. Élie Lambert, en una memorable obra (L´Architecture des Templiers), estudia la arquitectura templaria que podemos admirar en Laon, con su capilla hexagonal". En España, también hexagonal es la planta de la capilla de San Miguel de Arretxinaga, en Vizcaya, en cuyo interior existe una gran roca en recuerdo, tal vez, de la Cúpula de la Roca de Jerusalén, iglesia Madre del Temple. "La capilla de Londres -dice Bayard-, de 1185, con sus seis arcadas apuntadas y su deambulatorio de bóveda circular, toma como modelo la capilla de París, demolida en 1796. Pensemos en el excelente polígono de Tomar (Portugal) que, en el siglo XIII, ampliado, pasa a ser un deambulatorio de dieciséis lados, cubierto por una bóveda circular con arcos perpiaños. Tampoco podemos olvidar la iglesia de la Veracruz, en Segovia (España), edificada en 1246 sobre el emplazamiento de un templo romano que más tarde había sido una mezquita. La planta dodecagonal se comunica con el exterior a través de una abertura de arco apuntado abierta en las cuatro direcciones y con dos pórticos. El interior circular está rodeado de un deambulatorio que forma el polígono de doce lados; hacia el este se abren tres absidiolos paralelos con bóvedas de cascarón, que se comunican con el deambulatorio, es un santuario en cuyo centro se sitúa el altar. El pórtico del oeste se abre sobre dos escaleras que comunican ambos pisos. Esta iglesia, de cúpulas nervadas que nos recuerdan las bóvedas musulmanas, era de carácter defensivo.


No se puede afirmar que los templarios adoptaran siempre una planta circular u octogonal en sus construcciones; a veces la emplearon pero la planta suele ser más modesta, una nave rectangular con ábside".
Tal como nos dice Bayard, "la Orden de los Templarios ha sido citada muchas veces como origen de este oficio.
Hay diversos historiadores e investigadores que opinan que la Orden del Temple no pudo ser el origen de la francmasonería, pero fue un elemento protector que sirvió de vehículo de este espíritu inspirado en el pensamiento simbólico.


Hay autores, por otra parte, que opinan lo contrario y que nos hablan de la influencia templaria en el arte gótico. Philippe Forgeron y Javier Sierra por ejemplo, en su artículo Catedrales, el gran enigma estelar del arte gótico: ¿Escaleras al cielo?, señalan que "a mediados del siglo XII emerge en Europa un nuevo estilo arquitectónico que parece surgir casi de la nada. Ligero y luminoso, el arte gótico se impondrá, y una oleada de constructores de catedrales levantarán cientos de templos sin escatimar fondos ni ingenio".


El dilema esta servido y las cuestiones y preguntas florecen por doquier; cual fue realmente la relación que tuvieron Los Caballeros Templarios con estas Logias de Albañiles y Maestros en la Arquitectura Sagrada, en el arte Gótico?... Por otra parte también tendríamos que preguntarnos; si aquellos expertos constructores son en verdad los antiguos Maestros Masones que han dado pie (y con el paso del tiempo) a las Logias actuales de la Masonería?... Son estos actuales Masones sus verdaderos descendientes?...Esperamos que el tiempo y la investigación resuelvan estos enigmas.


Por ultimo diremos que, Javier Sierra, escritor y director de la revista española Mas Allá, en su libro de investigación Las puertas templárias, señala que su obra "desvela, entre otras cosas, qué fue lo que los templarios descubrieron realmente bajo las ruinas del Templo de Salomón, que ocuparon a principios del siglo XII..." Y según él fue "algo que tenía mucho que ver con el sentido último de aquel Templo. No debe olvidarse que aquel recinto sirvió como lugar de comunicación entre el Cielo y la Tierra. Hasta Mahoma habló de una "escalera de luz" que él mismo escaló desde allí, muy parecida a la que describió Jacob y otros después de él".Para Javier Sierra los templarios se trajeron este secreto a Europa "...y lo aplicaron a la distribución de sus primeras catedrales góticas.

 

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