Bayard
nos dice: "Próxima al gremio, esta organización
corporativa se diferenciaba de él en algunos aspectos.
No se trata ya de obreros sedentarios, sino de obreros
itinerantes que, en cada región, estudian nuevas
técnicas y al mismo tiempo transmiten los conocimientos
previamente adquiridos. Tienen un sentimiento de
fraternidad más acendrado que el de los ciudadanos;
obligados a vivir a pie de obra, en lugares alejados de
su tierra, se unen más íntimamente y crean un grupo que
tiene sus propias leyes, hábitos y costumbres. Se transmiten los secretos de la profesión,
principalmente los referentes a la talla correcta de la
piedra respetando su polaridad".
La iglesia les reprocha su lenguaje particular, su
solidaridad y su juramento, y les condena.
Se condena asimismo el secreto iniciático, ya que los
jueces no pudieron conocer más que las formas externas,
los rituales basados en símbolos y fórmulas utilizados
también por la iglesia católica romana.
Los masones, que dicen que su orden se remonta al rey
Salomón, afirman que este grupo tenía un pasado mucho
más antiguo, anterior al Cristianismo. Sus ceremonias y
su pensamiento translucen un sincretismo pragmático, una
religión cósmica cuyo arcano está fuera de toda
expresión.
El carácter sagrado, a menudo incluso sacerdotal, de las
asociaciones de constructores, se percibe en documentos
datados y en el análisis de las construcciones y de la
vida entre los persas, los caldeos, los sirios, los
egipcios y, por supuesto, los griegos y romanos. Entre
los celtas se intuye el mismo sentimiento.
El edificio se erige a imagen del gran mito solar; el
sacerdote, que representa a Dios, es investido con
poderes que le permiten designar el lugar donde debe
levantarse el templo, la orientación y las dimensiones
del edificio, y las principales representaciones
simbólicas, tales como los números, los colores y los
ritmos. El templo se convierte en un símbolo axial que
santifica el espacio que le es consagrado; es un centro
del mundo y el sacerdote es el elemento que permite el
intercambio entre la tierra y el cielo.
Todas estas realizaciones antiguas atestiguan que
algunos hombres que poseían técnicas probadas
emprendieron grandes trabajos y transmitieron
conocimientos adquiridos penosamente, sólo a oídos
escogidos, a aquellos que tenían las cualidades
naturales necesarias para recibirlos y aprovecharlos. La
actividad se desarrollaba dentro del más profundo
humanismo, en la veneración al Principio creador al que
se erigía una suntuosa morada. El gesto, sagrado en sí
mismo, unía lo material y lo espiritual. Incluso en el
antiguo Egipto, muy racionalista, los dos principios se
unen: a la arquitectura material corresponde una
arquitectura sagrada, con sus leyes morales.
Mircea Eliade nos dice en en Forgerons et Alchimistes:
Para demostrar que la francmasonería se inspira en los
más secretos valores, en los Principios tradicionales,
esta orden afirma que proviene de Adán, y a veces de
Noé, e incluso de Dios, el Creador de la luz, esa luz
tan buscada por todos los grupos iniciáticos.
Marius Lepage nos dice que la orden no tiene un origen
humano que pueda descubrirse, que ha existido desde
siempre como una expresión del pensamiento humano. Sin
embargo, las obediencias creadas por los hombres son de
formación reciente y si que es posible descubrir cómo
nació ese espíritu, con sus ritos y sus valores
iniciáticos, como hemos heredado las tradiciones más
antiguas y cómo pudo establecerse esta filiación de
eslabón en eslabón sin deformar demasiado el pensamiento
original. Según Louis Lechat, estas asociaciones de
constructores existían bajo el reinado del segundo rey
de Roma, Numa Pompilio.
Entre el 493 y el 526, los canteros, magistri comiciani,
eran expertos arquitectos. Sus estatutos parecen que
estan basados en una especie de contrato tipo que
adquiere mayor consideración con el edicto de Rothari,
del 22 de noviembre de 643, las disposiciones de Ina del
688 al 725, y las de Alfred, del 871 al 901. En la
asamblea general del año 936, Athelstan estableció en
York, Inglaterra, una escuela de masonería, en la que
situaría a la cabeza a su hermano Edwin.
Una orden capitular de Carlomagno del año 779 y después
una de Hincmar, arzobispo de Reims en el siglo IX,
prohiben los gremios. Basándose en los gremios y los
comerciantes ingleses de 856, Etienne Boileau, preboste
de París, publica el Libro de los oficios en 1258.
En Italia, hacia el año mil, los magistri comiciani
deben restaurar las iglesias o construir nuevos
santuarios en Europa.
La primera gran asamblea de la que tenemos noticia tuvo
lugar en Estrasburgo en el año 1275; otros estatutos se
elaboraron en Trèves (1397), Erfurt (1423), Ratisbona
(1459), tomando como base los de Estrasburgo.
En general, estos grupos veneran a Juan Bautista en
tanto que santo patrón. Más tarde, se admite como patrón
también a San Juan Evangelista. También veneran a los
honran igualmente a los cuatro "mártires coronados",
canteros, que permanecieron fieles a su fe cristiana y
fueron condenados y ejecutados bajo el reinado del
emperador Diocleciano.
Las fórmulas católicas que existían en los Antiguos
Deberes fueron suprimidas de las Constituciones
masónicas de 1717 para reflejar el espíritu ecuménico.
La mayor parte de los documentos al respecto se han
conservado principalmente en Inglaterra.
Desde finales del siglo X, los hermanos conversos, y
después los obreros seglares, reemplazaron a los monjes
en el mundo de la construcción y éstos se consagraron a
otros deberes espirituales. Los maestros de obras son
escasos en el siglo XII.
Del
arte cisterciense a la arquitectura de los templários
Según Bayard para hacer un recorrido desde el arte
cisterciense hasta la arquitectura templaria; hay que
tener en cuenta que: "en el siglo VI, San Benito fija
las normas de la vida monástica. El arte cisterciense
predica la pobreza y la renuncia. El monasterio es una
"escuela al servicio del Señor", un "taller" donde se
enseña a amar.
Roberto, abad del siglo XI, se retira junto con algunos
monjes a Solesmes para vivir en esta austeridad; en 1098
funda la abadía de Cîteaux, origen de una sorprendente
eclosión arquitectónica (al final de la Edad Media, hay
setecientos cuarenta y dos monasterios cistercienses).
Gracias a la simplificación de las líneas
arquitectónicas y a la ausencia de esculturas, de
pinturas y de vidrieras coloristas, la vista no se
distrae con lo que podríamos llamar la suntuosidad de la
decoración. Por el contrario, el volumen de las masas,
la armonía que se observa bajo la iluminación
perfectamente equilibrada y la buena acústica, inducen
al fervor místico, a la búsqueda de Dios. En esta
configuración (llamada también "Bernardina") no hay nada
que distraiga el pensamiento. Ni galerías ni tribuna;
las pequeñas aberturas dejan al edificio en penumbra;
sólo la piedra, desnuda, está labrada y aparejada con
esmero. La orientación de la capilla predispone a la
oración.
Las abadías cistercienses responden todas a la misma
configuración, salvo pequeñas variaciones por cuestiones
de implantación.
San Bernardo hacer aplicar rigurosamente la Regla de San
Benito; las iglesias tienen dimensiones modestas.
Rechaza el ábside circular e impone el de planta
cuadrangular, prohibe además excavar en el muro recto
para instalar en él capillas secundarias.
Estas normas, impuestas por Bernardo entre 1134 y 1153,
no fueron del gusto de todos y tras la muerte de este
personaje tan célebre y temido, el arte cisterciense se
transforma, influenciado por Cluny.
La reforma cisterciense, con su regreso a la
simplicidad, no impidió la expansión, la grandeza y la
belleza ornamental defendidas por Cluny. No es la
decoración de los palacios ni de las casas lujosas, es
una decoración mística cuyo valor sagrado habla a todos
los que necesitan ser instruidos, pues los devotos y los
peregrinos no son especialistas del pensamiento
cristiano. El edificio se convierte así en un verdadero
"libro de piedra", cuya misión es enseñar.
Nos dice Bayard en lo que a la arquitectura templaria se
refiere que suele pensarse en ella "como en algo muy
particular", si bien "la arquitectura ya se hallaba en
pleno apogeo" cuando los templarios comenzaron a
construir sus edificios.
"Los templarios erigieron las construcciones que
necesitaron siguiendo la configuración de los
monasterios cistercienses, según las ideas de Bernardo
de Claraval, que además fue quien redactó su regla. En
las encomiendas rurales, los edificios rodean un patio
cuadrado o rectangular; la capilla se sitúa en el sur y
el refectorio en el norte. En 1139, el Papa Inocencio II
concede a los templarios el derecho a construir
capillas, cuyas celebraciones deberán ser oficiadas por
capellanes-profesos.
Las capillas que construyeron generalmente son de
pequeñas dimensiones. Esto se debe principalmente a que
la orden estaba muy dispersa (a sus capillas sólo acuden
algunos habitantes del entorno rural), pero también a
que siguen la doctrina de Bernardo de Claraval, que
censura la altura excesiva de las iglesias que las hace
semejantes a terribles glaciares, en los que el frío
paraliza el cuerpo.
Los templarios, sobre todo en Tierra Santa, edificaron
sus capillas con una severidad propia de la arquitectura
militar. Para contrarrestar los enormes pesos laterales
utilizaban arcos de descarga. Tanto en la fortaleza de
Krak, que renuevan, como en Chastel-Blanc (Safita),
eligen pequeñas capillas rectangulares de una sola nave,
a menudo con tres tramos de bóveda de cañón sobre arcos
perpiaños, un presbiterio recto o un ábside semicircular
cubierto por una bóveda de cascarón e iluminado por un
triplete. Estos edificios poseen además pequeñas
aberturas al sur, un pórtico sencillo con varias
columnas (normalmente en número de tres) y algunas
esculturas; la ventana central, arriba, termina en un
aguilón truncado por una espadaña.
Esta planta sencilla, la más utilizada, refleja la
disciplina de esta orden, a la vez religiosa y militar.
Contrariamente a lo que afirma Viollet-le-Duc, los
templarios no solían construir iglesias circulares.
Admiraban el Templo de Jerusalén, a cuya defensa se
consagraron, y efectivamente apreciaron su planta
circular, centro del mundo. Élie Lambert, en una
memorable obra (L´Architecture des Templiers), estudia
la arquitectura templaria que podemos admirar en Laon,
con su capilla hexagonal". En España, también hexagonal
es la planta de la capilla de San Miguel de Arretxinaga,
en Vizcaya, en cuyo interior existe una gran roca en
recuerdo, tal vez, de la Cúpula de la Roca de Jerusalén,
iglesia Madre del Temple. "La capilla de Londres -dice
Bayard-, de 1185, con sus seis arcadas apuntadas y su
deambulatorio de bóveda circular, toma como modelo la
capilla de París, demolida en 1796. Pensemos en el
excelente polígono de Tomar (Portugal) que, en el siglo
XIII, ampliado, pasa a ser un deambulatorio de dieciséis
lados, cubierto por una bóveda circular con arcos
perpiaños. Tampoco podemos olvidar la iglesia de la
Veracruz, en Segovia (España), edificada en 1246 sobre
el emplazamiento de un templo romano que más tarde había
sido una mezquita. La planta dodecagonal se comunica con
el exterior a través de una abertura de arco apuntado
abierta en las cuatro direcciones y con dos pórticos. El
interior circular está rodeado de un deambulatorio que
forma el polígono de doce lados; hacia el este se abren
tres absidiolos paralelos con bóvedas de cascarón, que
se comunican con el deambulatorio, es un santuario en
cuyo centro se sitúa el altar. El pórtico del oeste se
abre sobre dos escaleras que comunican ambos pisos. Esta
iglesia, de cúpulas nervadas que nos recuerdan las
bóvedas musulmanas, era de carácter defensivo.
No se puede afirmar que los templarios adoptaran siempre
una planta circular u octogonal en sus construcciones; a
veces la emplearon pero la planta suele ser más modesta,
una nave rectangular con ábside".
Tal como nos dice Bayard, "la Orden de los Templarios ha
sido citada muchas veces como origen de este oficio.
Hay diversos historiadores e investigadores que opinan
que la Orden del Temple no pudo ser el origen de la
francmasonería, pero fue un elemento protector que
sirvió de vehículo de este espíritu inspirado en el
pensamiento simbólico.
Hay autores, por otra parte, que opinan lo contrario y
que nos hablan de la influencia templaria en el arte
gótico. Philippe Forgeron y Javier Sierra por ejemplo,
en su artículo Catedrales, el gran enigma estelar del
arte gótico: ¿Escaleras al cielo?, señalan que "a
mediados del siglo XII emerge en Europa un nuevo estilo
arquitectónico que parece surgir casi de la nada. Ligero
y luminoso, el arte gótico se impondrá, y una oleada de
constructores de catedrales levantarán cientos de
templos sin escatimar fondos ni ingenio".
El dilema esta servido y las cuestiones y preguntas
florecen por doquier; cual fue realmente la relación que
tuvieron Los Caballeros Templarios con estas Logias de
Albañiles y Maestros en la Arquitectura Sagrada, en el
arte Gótico?... Por otra parte también tendríamos que
preguntarnos; si aquellos expertos constructores son en
verdad los antiguos Maestros Masones que han dado pie (y
con el paso del tiempo) a las Logias actuales de la
Masonería?... Son estos actuales Masones sus verdaderos
descendientes?...Esperamos que el tiempo y la
investigación resuelvan estos enigmas.
Por ultimo diremos que, Javier Sierra, escritor y
director de la revista española Mas Allá, en su libro de
investigación Las puertas templárias, señala que su obra
"desvela, entre otras cosas, qué fue lo que los
templarios descubrieron realmente bajo las ruinas del
Templo de Salomón, que ocuparon a principios del siglo
XII..." Y según él fue "algo que tenía mucho que ver con
el sentido último de aquel Templo. No debe olvidarse que
aquel recinto sirvió como lugar de comunicación entre el
Cielo y la Tierra. Hasta Mahoma habló de una "escalera
de luz" que él mismo escaló desde allí, muy parecida a
la que describió Jacob y otros después de él".Para
Javier Sierra los templarios se trajeron este secreto a
Europa "...y lo aplicaron a la distribución de sus
primeras catedrales góticas.
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