AÑO II

- 2006 -   


LAS ORDENES MILITARES - PRIMERA ENTREGA
En esta entrega no solo publicaremos el índice de las ordenes mas importantes, sino que iremos recorriendo una por una comenzando por "LA ORDEN DE ALCÁNTARA"
Alcántara Calatrava San Lázaro Toison de Oro
Malta San Jorge Santiago Santo Sepulcro
La Estrella Rodas Aztecas Maestranzas
Montesa Teutónicos Temple Cruzadas España

LA ORDEN DE ALCÁNTARA

Cruz flordelisada, de sinople

Ciertos caballeros de Salamanca recorrían las riberas del río Duero, frontera del reino leones con los musulmanes de Extremadura sobre el año 1.156, buscando el lugar adecuado para alzar una fortaleza, cuando fueron a dar con un viejo ermitaño, llamado Amando, que había sido soldado participando en la Cruzada que, en Tierra Santa, llevó a efecto el conde Enrique de Borgoña. Dicho ermitaño había levantado una sencilla ermita en aquellos parajes y cuando los caballeros le propusieron sus proyectos, los persuadió de levantar la fortaleza junto a la ermita. La fama de aquellos caballeros a cuya cabeza figuraba don Suero Fernández Barrientos se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño Amando, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de las del Hospital y el Temple. Un monje del Cister llamado don Ordoño les aconsejó que tomaran su regla.

Ciertos caballeros de Salamanca recorrían las riberas del río Duero, frontera del reino leones con los musulmanes de Extremadura sobre el año 1.156, buscando el lugar adecuado para alzar una fortaleza, cuando fueron a dar con un viejo ermitaño, llamado Amando, que había sido soldado participando en la Cruzada que, en Tierra Santa, llevó a efecto el conde Enrique de Borgoña. Dicho ermitaño había levantado una sencilla ermita en aquellos parajes y cuando los caballeros le propusieron sus proyectos, los persuadió de levantar la fortaleza junto a la ermita. La fama de aquellos caballeros a cuya cabeza figuraba don Suero Fernández Barrientos se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño Amando, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de las del Hospital y el Temple. Un monje del Cister llamado don Ordoño les aconsejó que tomaran su regla.

El fundador, don Suero, murió en combate, sucediéndole en la gobernación de la Orden, con título de prior, don Gómez Fernández, compañero en la fundación. Por aquel tiempo, del rey Fernando II de León, los habitantes de la población de Ciudad Rodrigo, molestaban a los fronterizos de Portugal, desmembrado ya, de hecho, de la corona leonesa. Su rey Alfonso Enriquez envió una expedición a arrasar la ciudad, confiando el mando de sus huestes al príncipe don Sancho, que entró en tierras de León. El prior de la Orden del Perero, al ver como el invasor toma sus tierras, reune a los suyos y se incorpora al Ejército del rey Fernando. Se traba la batalla quedando este monarca vencedor y es entonces cuando dirige sus armas contra los musulmanes de la frontera meridional. Toma en combate las villas de Santibáñez y Milana y cae sobre la de Alcántara, a la que ocupa a su vuelta, y la ciudad de Cáceres que da a guardar a los Caballeros de Santiago.

La Orden de Perero, ayudó al rey Fernando en todas sus empresas militares por lo que este monarca declaró solemnemente que la tomaba bajo su protección y amparo. Por si esto no bastara, el Prior don Gómez se dirigió el Papa Alejandro III dándole cuenta de su instituto aprobado por los obispos de Salamanca y Ciudad Rodrigo y pidiendo en su favor las gracias y prerrogativas que otras análogas tenían concedidas, lo que otorgó el Pontlfice a 29 de diciembre de 1.177, mediante la oportuna Bula. Confirmó todo lo otorgado a la Orden otra Bula, esta del Papa Lucio III, en 4 de abril de 1.183, apareciendo por primera vez en ella el nombre de Maestre dado al jefe o prelado supremo de la Orden.

Los años que siguen constituyen un continuo batallar de la Orden al servicio de los monarcas cristianos contra los árabes.

Reconquistada la villa de Alcántara, la Orden decidió su traslado a aquel lugar. Pero, a partir de aquel momento, comienza a denominarse de Perero y Alcántara, prevaleciendo al final, este último nombre. Adquiriendo cada vez mayor pujanza, no es de extrañar que no pasara mucho tiempo sin que estallaran las querellas entre Alcántara y el Temple, llegando inclusive al choque armado entre ambas Ordenes, y es que el continuo combatir habían hecho de unos y otros unos hombres endurecidos en cuerpo y alma por el ejercicio de las armas. Basta un solo ejemplo: "Estando el Maestre de la Orden en Ecija, se le presentó un moro pretendiendo hacerse cristiano y ofreciendo en garantía el modo de tomar el castillo de Pruna. Se aceptó su oferta y el nuevo cristiano les mostró el punto por donde, con mayor facilidad, podrían echar las escalas. Entraron en la villa y pasaron a cuchillo a todos sus habitantes y defensores quedando Pruna en adelante para el rey de Castilla".

La Orden no sólo combatió a los moros, sino que también se mezcló en la política de la época. Uno de sus Maestres, don Gonzalo Martínez fue condenado a muerte por traidor, por orden del rey Alfonso, y degollado. Así vio Pedro Barrantes Maldonado a la Orden de Alcántara: "La mayor parte de la gente de Alcántara son caballeros, hijosdalgo y escuderos y son pocos los labradores y gente común. Hay linajes, la mayor parte de ellos, nobles, de limpias y antiguas castas de las que ellos se jactan mucho. Es gente muy política, muy cortesana en el habla y muy apartados de tratos ilícitos. Muy comedidos y atentos con los extranjeros en el arte militar".

El declive de la Orden se inicia con los Reyes Católicos. La Monarquía española estaba resuelta a constituirse en unidad nacional y por tanto se hacía preciso la incorporación de los maestrazgos a la Corona. En 1.530, la Orden obtuvo del Papa Clemente VI, la potestad plena para corregir, alterar, limitar y reformar sus estatutos. En 1.540, el Papa Paulo III concedió a los caballeros legos de Alcántara relajación del voto absoluto de castidad y libertad para disponer de sus bienes.

Cuando ya no fue necesario su esfuerzo guerrero, la Orden de Alcántara se orientó por otros campos y así estableció un colegio en la Universidad de Alcalá que fue posteriormente trasladado a Salamanca por acuerdo del capítulo celebrado en Madrid en el 1.552.

A partir del siglo XVII un cuerpo de Caballería del Ejército, español despliega en su estandarte la cruz de Alcántara. Fue creado en los Países Bajos por el Maestre de Campo don Juan Francisco Nestien, con ocasión de aumentar las fuerzas de caballería que allí operaban, bajo el reinado de Felipe IV.

Las acciones de este regimiento se basan en numerosos hechos de armas, hasta culminar en la guerra de la Independencia, donde el veterano tercio de Alcántara luchó en Somosierra, Aranjuez Puente del Madero, Vich, Figueras, Murviedro, Valls y Valencia.

Esta es la Orden de Alcántara. Guerrera cuando tuvo que serlo, porque así lo exigían los avatares patrios. En su historia se encarna la historia patria.

LAS ORDENES MILITARES - SEGUNDA ENTREGA

LA ORDEN DE CALATRAVA

Cruz de Calatrava en gules con sus cuatro puntas flordelisadas

Una vez que el rey Alfonso "el Emperador" libró la Villa de Calatrava, tuvo a bien dar la mezquita mayor al arzobispo de Toledo, a fin de que la consagrase en iglesia, y encomendó la defensa de la plaza, en 1.150, a los Caballeros Templarios. Eran éstos por sus riquezas muy poderosos y por su esfuerzo y arrojo muy temidos. Pero una vez muerto el rey Alfonso, los musulmanes pusieron todo su esfuerzo en la reconquista de Calatrava, y así Abad el Múmen se aprestó para forzar la línea del Guadiana. Tal potencia mostraron que Calatrava se tuvo por pérdida y los Templarios rehusaron, juzgando lo más prudente abandonarla.

Una vez que el rey Alfonso "el Emperador" libró la Villa de Calatrava, tuvo a bien dar la mezquita mayor al arzobispo de Toledo, a fin de que la consagrase en iglesia, y encomendó la defensa de la plaza, en 1.150, a los Caballeros Templarios. Eran éstos por sus riquezas muy poderosos y por su esfuerzo y arrojo muy temidos. Pero una vez muerto el rey Alfonso, los musulmanes pusieron todo su esfuerzo en la reconquista de Calatrava, y así Abad el Múmen se aprestó para forzar la línea del Guadiana. Tal potencia mostraron que Calatrava se tuvo por pérdida y los Templarios rehusaron, juzgando lo más prudente abandonarla.

Por tanto la Orden del Temple devuelve la villa fuerte de Calatrava al rey, don Sancho. La situación se tornó gravísima., Si se perdía Calatrava, la amenaza árabe se cernía sobre Toledo, y cuanto había reconquistado, el rey Alfonso VII, iba camino de perderse. El rey Sancho proclamó que Calatrava le sería entregada en propiedad al que decidiera defenderla, convocando un Consejo con sus nobles, en el cual se hallaba don Raimundo, Abad de Santa María de Fitero y un monje, llamado Diego Velásquez, burgalés de la Bureva, hidalgo y noble, soldado del rey Alfonso, y famoso por sus hazañas. A la vista del silencio con que los nobles acogieron la propuesta, el monje Velásquez, despertados sus sentidos bélicos, sacó aparte al Abad Raimundo y le instó, le rogó y acabó persuadiéndolo a que pidiera Calatrava. Así lo hizo, lo que a muchos pareciera temeridad o locura.
En la villa de Almazán, el 1 de enero del año 1.158, el rey don Sancho, hijo de Alfonso VII, firmó la carta de donación perpetua de la Villa y fortaleza de Calatrava a la Orden del Cister, representada por el Abad don Raimundo, y a todos sus monjes, para que la tuvieran para siempre jamás, y, con ayuda del Monarca la defendieran de los enemigos de Cristo. Confirmaron la donación el rey de Navarra, el mayordomo del soberano, el Potestad de Castilla, el Señor de Logroño, el Primado de las Españas, varios condes, magnates y prelados, entre ellos el de Sigüenza, Cerebruno, que pronto habría de ocupar la toledana silla. Más tarde, don Sancho, donó a los freires de Calatrava, llamándolos ya por este nombre, el pago y aldea de Cirujales, en el término de Toledo, en señal de gratitud por haber tomado la defensa de Calatrava. Partieron el Abad don Raimundo y su Capitán de Guerra, don Diego Velásquez, seguidos de una inmensa multitud de la cual muchos profesaban en la Orden Cisterciense. Los árabes, a la vista de tal multitud, desistieron y Calatrava pudo ser salvada. El Abad organizó un ejército de más de veinte mil hombres que repartió por campos y aldeas.
Constituida la orden, el mayor nervio de sus fuerzas bélicas fue formado por numerosos caballeros que se acomodaron a las costumbres del Cister tanto como lo permitiese su oficio guerrero, uniendo la fatiga del soldado con la abstinencia del cenobita, las fervientes oraciones con el bravo empuje en la pelea.
El promotor principal de la Orden de Calatrava, fue Fray Diego Velásquez. Una vez muerto, la división cundió, resistiéndose los caballeros a tener por superior a un Abad y a vivir mezclados con los monjes en vida contemplativa, por lo que decidieron elegir un Maestre de la Orden. Los monjes se retiraron a Ciruelos y los caballeros retuvieron a Ocaña convirtiéndose en milicia para elegir su caudillo.
Fue el primer Maestre de Calatrava don García según consta en documentos del 1.164. Consiguió del Cister y del Pontificado la primera regla y forma de vida para la Orden de Calatrava. Muerto, le sucedió don Fernando Escaza, cuya vida transcurrió en continuo guerrear. Fueron sucediéndose los Maestres y la Orden, convertida en formidable ejército, estuvo en ayuda de los reyes cristianos. Al de Castilla le acompañaron en la conquista de la ciudad de Cuenca. Al de Aragón en la toma de la ciudad de Alcañiz.
La pujanza de la Orden, sufrió un tremendo revés, ante el arrojo del caudillo Almanzor, quien con poderoso ejército tomó Calatrava, y sus defensores fueron pasados a cuchillo. Con los últimos restos de la Orden, el Maestre don Nuño Pérez atacó la fortaleza de Salvatierra, convirtiéndola en casa de la Orden en tanto no pudiera ser recobrada la villa de Calatrava
Los Maestres se fueron sucediendo y convertida nuevamente en pujante ejército, tomó parte en la Batalla de las Navas de Tolosa donde su Maestre don Ruy Díaz quedó tan malherido en un brazo que no pudo volver a empuñar arma alguna.


En los años siguientes la Orden de Calatrava, fue reconquistando diversas fortalezas y villas lo que la hizo recobrar su antiguo esplendor, llegando su dominio desde Almadén hasta Toledo, desde Argamasilla de Alba hasta Sierra Morena.

Emprendida la conquista de Andalucía por los reyes cristianos, los caballeros de la Orden formaron siempre la vanguardia, aumentando su poderío con las numerosas donaciones de villas y fortalezas. En la villa de Salvatierra alzaron nuevo convento al que bautizaron con el nombre de Calatrava, en recuerdo y memoria al baluarte del Guadiana. En los años siguientes, participan en las campañas de la Reconquista como fuerza de choque, tomando parte en la conquista de Baeza y el cerco y ocupación de Córdoba.

A tanto llegó el poder de esta Orden Militar, que los reyes entraron en recelo por lo que determinaron que la elección de Maestres lo sería por designación real.

En años posteriores, la Orden no sólo combate sin tregua a los musulmanes sino que se enfrenta a divisiones internas. Una muestra del favor que los Pontífices otorgaban a esta Orden lo prueba el hecho de que, disuelta la de los Templarios, todos los bienes que estos poseían le fueron entregados a Calatrava.

Desde su origen, doscientos años atrás, los caballeros calatravos debajo de la túnica y como ahíto de religión, llevaban un escapulario. El Maestre don Gonzalo Núñez creyó que aquello no diferenciaba bastante a los caballeros de los seglares y obtuvo del pontífice Benedicto XIII que en su lugar ostentaran una cruz colocada sobre las vestiduras, insignia que se pusieron todos por primera vez el día de los Santos del año 1.397.

La orden de Calatrava fue poderosa en tierras, villas, fortalezas, así como por el número de sus vasallos en sus posesiones esparcidas por toda España. En no pocas ocasiones intervino en la política nacional inclinándose según conviniera a sus intereses. Tal poder tenía, que hasta los Reyes Católicos para aplacar la sed de riquezas del comendador Fernán Gómez de Guzmán, desmembraron de la Corona la aldea de Fuenteovejuna, en Córdoba, para entregársela. Lo que sucedió, ya se sabe; que el pueblo entero, harto de soportar sus abusos, acabó ahorcándolo.

Pero los Reyes Católicos no eran soberanos capaces de soportar otro poder que no fuera el emanado de la corona por lo que, siendo Maestre de la Orden don García López de Padilla, determinaron que había llegado la hora de dar fin a la Orden de Calatrava, de modo que la misma quedaba incorporada a la Corona tan pronto como muriera su Maestre. Vino así a ser don García López el último y es curioso señalar que el primero fue un García.

De esta manera, la sabia política de don Fernando y doña Isabel que hizo bajar de sus castillos a los señores feudales para someterles a su tutela, sacó a la corona Real de la vergonzosa servidumbre en que todos la mantenían, no siendo los que menos los Maestres de la Orden de Calatrava cuyo poder, ejércitos y riquezas les llevaban a estimarse soberanos independientes y rivales del único y verdadero jefe de la nación.


LAS ORDENES MILITARES - TERCERA ENTREGA

LA ORDEN DE SAN LAZARO

Cruz de Malta resarcetada de oro cargada de un escudo de plata anagramado; estrecho en el jefe, una cruz con los brazos de sinople y gules.

Siglos antes de llevarse a efecto las Cruzadas, ya existían en Tierra Santa instituciones caritativas que cuidaban de la asistencia a los peregrinos que acudían a visitar los lugares testigos de la Pasión de Jesucristo. Desde la toma de Jerusalén el año 1.099, resultado de la Primera Cruzada encabezada por Godofredo de Bouillón, los monjes de San Lázaro, ocupados con anterioridad en el cuidado de los leprosos, se apresuraron a ofrecer sus servicios. Es sumamente curioso señalar que los Lazaristas acogían a cualquier caballero de otra Orden que contrajera la lepra y, siempre que guardara su Regla, era bien recibido entre ellos. Algunos caballeros cruzados tomaron el papel de los monjes anteriores y parece ser que desde 1.115 formaron una comunidad independiente entre las Ordenes orientales, tomando la Regla de San Agustín.

A este respecto, puede citarse una bula de Pascual II, confirmando la Regla y otra en 1.255 del Papa Alejandro IV, quien, dos años antes, los había puesto bajo la protección de la Santa Sede. En tanto esto sucedía, los Caballeros de San Lázaro tomaban parte en una desdichada batalla, la de Gazza, el 18 de octubre de 1.244, en la que perecieron todos ellos. Ni uno solo sobrevivió a tal combate.
Otros, de la misma Orden, lucharon también bajo San Luis, junto con los Templarios, los Hospitalarios y los Teutónicos, en otra desastrosa batalla, la de Mansourach (1.250) y también formaron parte de las Cruzadas de San Luis y en las expediciones a Siria (1.250 a 1.254). La fortaleza de San Juan de Acre, en poder de los cristianos desde la I Cruzada, fue asediada por los soldados del Sultán de El Cairo. Los Maestres de las Ordenes del Temple y de San Lázaro estaban al mando de los defensores. Ambos jefes perecieron en la batalla y después de una heróica resistencia, San Juan de Acre tomó a poder de los musulmanes en 1.291. Y con este hecho quedó determinada la caída de todo el reino latino de Jerusalén. Antes de que esto sucediera, la Orden de San Lázaro reconocida por varios Pontífices, entre ellos Inocencio IV y Paulo V, tuvo en Palestina grandes posesiones, pero cuando el sultán Saladino ocupó Jerusalén, dió un año de plazo a las Ordenes Hospitalarias para abandonar la ciudad.
El rey de Francia Luis VII que por penitencia había emprendido la Segunda Cruzada al volver a su país, en el año 1.149 llevó con él a doce hermanos de San Lázaro y en 1.154, hizo donación a la Orden del castillo de Boigny, para que la misma estableciera su encomienda general, extendiéndose la Orden por numerosas ciudades de Francia. Por su parte, cierto noble inglés, que admiraba a la Orden, introdujo en Inglaterra a los lazaristas, que fijaron su domiciliación en la ciudad de Burton.
Todo esto provocó un gran cambio en la Orden porque, protegida por los reyes, llegó un momento en que fue más poderosa en Europa de lo que había sido en Asia. Pero volvamos a su aspecto militar: después de la caída de SanJuan de Acre, los lazaristas que sobrevivieron fueron a refugiarse a la isla de Chipre. Otros se establecieron en Sicilia, en Cápua, lugar del que fueron extendiéndose por toda Italia. La rama francesa de Boigny y la italiana de Cápua fueron las más importantes, pero esto no fue óbice para que fundaran prioratos y encomiendas, aparte de la de Burton, en Hungría, Flandes y otros países de Europa.
En 1.490, el Papa Inocencio VIII decidió unir la Orden de San Lázaro a la de San Juan de Jerusalén, pero la rama francesa continuó autónoma, ante lo cual el Papa León X anuló la unificación ordenada por su predecesor. Por su parte, el rey de Francia Enrique IV, unió a la Orden de San Lázaro la del Carmelo, en vista de que esta última languidecía y era conveniente su unificación con otra más poderosa.
La Orden de San Lázaro no desatendía, ni muchísimo menos, sus obligaciones militares ni su lucha contra el poder turco. En el siglo XVII armó una flota para combatir contra los corsarios y piratas, eligiendo el puerto y ciudad de Saint Maló como centro de sus operaciones marítimas. La Orden llegó a reunir hasta diez fragatas y luchó valerosamente defendiendo la seguridad de las costas francesas.

En este mismo siglo, el XVII, el Papa Gregorio XIII dictó una bula por la que mandaba incorporar la Orden de San Lázaro a la de San Mauricio, formándose así la llamada Orden de San Mauricio y San Lázaro, y que fue una de las más distinguidas de Italia. Ocurrió algo semejante a la ocasión anterior, cuando otro Papa trató de incorporarla a la de San Juan de Jerusalén. El Priorato de Sicilia acató la bula pontificia, pero no ocurrió lo mismo con el Gran Maestre de los Lazaristas de Boigny que, con varios prioratos y encomiendas, continuaron su vida independiente. Entre los grandes Maestres del siglo XV, cabe citar a Francisco de Borbón, los marqueses de Nerestang, de Luvois, de Dangeau, el Duque de Berry, después Luis XVI y luego el Conde Provenza, más tarde rey con el título de Luis XVIII. Como Caballeros de la Orden de San Lázaro en otros países, pueden citarse a los Zares de Rusia, Pablo I y Alejandro I y al Archiduque Leopoldo de Austria. El rey Luis XVIII de Francia y más tarde Carlos X, se declararon protectores de esta Orden.

En Francia había tres importantes Ordenes, muy antiguas: La del Espíritu Santo, la de San Luis y la de San Miguel. Pues bien, junto a ellas figuraba la de los Lazaristas. Estas eran exigencias que imponía el ingreso a la Orden de San Lázaro: Nueve grados de nobleza, sin principio conocido, o remontándose a fecha incierta.
Pasados los tiempos guerreros, la Orden de San Lázaro, permaneció, no extinguiéndose como algunas otras. Actualmente se halla representada en Francia, Alemania, Italia, Holanda, Suiza, Portugal y, naturalmente, en España. Con fecha 26 de junio de 1.935 registró la Orden sus Estatutos en España. El 9 de mayo de 1.940 fue reconocida con carácter oficial y declarada de utilidad pública en todo el territorio nacional, por orden que se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 10 del mismo mes.
Su reglamento de la lucha contra la lepra, aprobado por Decreto de 8 de marzo de 1.946, concede y asigna a la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, importantes misiones. Los componentes de esta Orden se dividen en dos grupos: Los miembros y los afiliados. Sólo los primeros y aun entre estos, los Caballeros de Justicia, pueden asistir a los Capítulos de sus respectivos Prioratos. Aparte de los de Justicia hay los de Devoción. Todos pueden ser caballeros, damas o eclesiásticos, pero es absolutamente preciso profesar la religión católica.

Los miembros, Caballeros de Justicia, están obligados a probar de manera indubitable, la legitimidad de sus ascendientes hasta el segundo grado civil inclusive, la nobleza de cien años de dos de sus apellidos, uno de los cuales siempre será el primero por la línea paterna y el otro, bien el segundo de la citada línea, o el primero de la materna; esto queda a elección del pretendiente al ingreso. Los Caballeros de Justicia, usan como distintivo una cruz octogonal verde, bordada sobre el frac o el uniforme, así como en sus mantos capitulares. Las categorías son: Gran Collar, Gran Cruz, Comendador y Caballero. Sólo los miembros, no así los afiliados, están autorizados a usar el uniforme de la Orden, de paño azul oscuro, con cuello y bocamangas blancas, charreteras y pantalón galoneado. Sable o espadín, depende de los actos. Sombrero apuntado y botas de charol. La Orden está regida por el Gran Maestre que lo es con carácter vitalicio y queda autorizado a nombrar un coadjutor. También existe un Consejo Supremo Consultivo que orienta al Gran Maestre en aquellas materias en que se solicita su parecer. Los afiliados, aquellos que practican pruebas de nobleza son denominados como "nobles de mérito" y los dispensados de ellas son considerados únicamente como "de mérito". Tanto los primeros como los segundos pueden tener los mismos grados que los miembros, pero no llevan la cruz bordada. Para estos, existe la cruz denominada de "Mérito", dividida en cuatro categorías, así como medallas, concedidas por relevantes servicios

 
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