AÑO II

- 2006 -   


LIBROS SAGRADOS Y LIBROS RAROS

Para quienes leen con pasión es emocionante pensar en algunos libros que contengan la fórmula del conocimiento, o que nos permitan acceder a saberes secretos sobre la estructura del universo. Surge así en las narraciones literarias el recurso técnico de atribuir conocimientos ocultos y definiciones escabrosas a autores supuestos y libros inventados, es decir, apócrifos. Es un recurso antiguo utilizado por varios autores, entre ellos Edgar Allan Poe, Arthur Machen, Montague Rhode James, Robert W. Chambers, Jorge Luis Borges, etc.

 

Los libros sagrados correspondientes a una religión determinada tienen también sus apócrifos, aquellos textos que están fuera del canon (en el caso de la Biblia tenemos los evangelios apócrifos, algunos de origen esenio, apartados del canon por ofrecer versiones non sanctas de la vida de Jesús). Siempre son libros, y sagrados. En alguna época fueron rollos de papiro, después pergamino, hoy son libros de papel, pero también de plástico como los CD-ROM, diskettes o videocasetes. Esta es una época de transición en lo que hace al formato, para muchos de nosotros es díficil o incómodo imaginarse leyendo un texto en el monitor de una computadora (más díficil debe ser imaginarse a un religioso teniendo un extásis místico frente a la pantalla de una PC leyendo la Biblia). La nueva religión de las computadoras y su lado oscuro tienen su hierofante en William Gibson y su biblia en Neuromante. Pero todavía existe el mito del libro sagrado como acercamiento a la fe. Borges dijo una vez que "he oído hablar de libros sagrados, pero nunca de radios sagradas o televisores sagrados."

De la importancia de estos libros en la vida cotidiana de las personas se deriva su apropiación para la literatura en tanto que es un efecto de ambientación y referencia a otros libros. Este procedimiento es tradicional en Occidente, por lo menos desde que San Juan relata que un ángel le da un libro para que se lo trague (Apocalipsis X 9-10). Un último paseo por una inmensa colección de libros raros es efectuado por Casaubon, el protagonista de El péndulo de Foucault (1988) de Umberto Eco, novela con numerosas referencias y citas de libros extraños y prohibidos, donde encontramos libros raros en bibliotecas aún más extrañas.


Libros ilustres a modo de antecedente

Lovecraft, que de historia sabía bastante, decidió enmarcar sus principales relatos en esta tradición de saberes ocultos (y no tanto). Estos saberes ocultos son enmarcados en el movimiento denominado ocultismo, que abreva en libros ocultos (pero si el conocimiento está oculto, cómo lo encontramos? ¿Jugando a la escondida?). La paradoja está en que los libros son publicados, es decir puestos a conocimiento público. Pero aún así son libros muy peculiares, escritos en jerga y díficiles de encontrar y de leer. Para adentrarnos en esta corriente nos permitimos citar algunos de estos libros reales, casi inhallables para el lector curioso.

Todo aquel que lee un poco de historia de la ciencia o esoterismo se encuentra, cada tanto, con menciones de los autores y libros siguientes:

  • Sepher Yetsira (Libro de la creación), atribuído a Abraham, año -2000.
  • Séfer há-Zohar, (Libro del esplendor), Moisés de León, español del siglo XII.
  • Physica et mystica. Bolos de Mende, año -200, egipcio helenizado, en el delta del Nilo. Texto base de la alquimia que contenía recetas para convertir metales en oro y plata, que transcribe las ideas platónicas sobre la composición de la materia. Forma parte de una recopilación de textos del siglo VIII.
  • Tabula Smaradigma y Libro del Zodiaco. Atribuídos a Hermes Trismegisto. La Tabla de esmeralda contiene preceptos alquímicos y herméticos de la corriente gnóstica (siglo XII).
  • Turba philosophorum (La turba de los filósofos). En el siglo XII es traducida del árabe al latín esta obra caótica que supone un concilio de filósofos reunidos para fijar los conceptos del vocabulario hermético, entre los que estaban Anaxímenes, Socrátes, Jenófanes, Empédocles, etc.
  • San Alberto Magno, 1193-1280, filósofo y teólogo alemán que destacó por su recopilación del saber de su época, en especial lo relativo a las ciencias naturales. Fue canonizado en 1931. Gran parte de su obra está dedicada a la alquimia. Santo Tomás de Aquino (1226-1274), díscipulo suyo, aceptaba la alquimia mientras no se mezclara con la magia.
  • Malleus Malleficarum (Martillo de las brujas), 1486. Escrito por los dominicos alemanes Heinrich Kraemer y Johann Sprenger. Era un manual contra la brujería auspiciado por la bula del papa Inocencio VIII (1484), con métodos para reconocerlas y eliminarlas.
  • Liber de nymphis, sylphis... et ceteris spiritibus, Paramirum, etc., de Paracelso, 1493-1541, médico y químico suizo que teorizó sobre el microcosmos y el macrocosmos.
  • De Occulta Philosophia, 1533, de Cornelius Agrippa. Es un libro clásico sobre magia. Hay una traducción española publicada por la editorial Kier.
  • Gerolamo Cardano, 1501-1576, fue un gran matemático italiano que para vivir, como otros de su época, se las rebuscaba con la astrología, pero se le ocurrió publicar la carta natal de Jesucristo, por lo cual fue acusado de hereje y encarcelado. En su obra In Cl. Ptolemaei Peluensis III de Astrorum Iudiciis, aut, ut vulgo vocant, Quadripartitae Constructionis [...y sigue!], publicada en 1554 y dedicada a comentarios sobre Ptolomeo, incluye los horóscopos de Enrique VIII, Erasmo, Jesucristo y el suyo propio.
  • De praestigiis Daemonum, 1563, de Johan Weyer (o Wier), 1515-1588. Opinaba que las brujas eran enfermos pasibles de atención médica, tratando de atenuar las tendencias represoras del Malleus.
  • John Dee, 1527-1608. Mago de la corte de la reina de Inglaterra. Escribió la Monas Hieroglyphica (Mónada Jeroglífica), publicada en 1564.
  • Demonolatreia, 1595, del inquisidor Nicolás de Remy o Remigius, libro donde transmite sus experiencias en los juicios de 900 brujas ejecutadas por hechicería. Su punto de vista es similar al del Malleus.
  • Mysterium Cosmographicum, 1596, de Johannes Kepler, astrónomo y astrólogo.
  • Utriusque Cosmi Historia, 1617, del inglés Robert Fludd, gran especialista en títulos rimbombantes. Fue el sistematizador de la masonería y los rosacruces. Esta obra es una verdadera enciclopedia de símbolos y un tratado de las armonías de los elementos.
  • Mundus Subterraneus, y Oedipus Aegyptiacus, de 1652, son obras de Athanasius Kircher, 1602-1680, jesuita alemán. Entre otras curiosidades, fue pionero del cine y las diapositivas.
  • Sadducismus Triumphatus (La incredulidad conquistada), 1681, de Joseph Glanville. Para redactarlo contó con el asesoramiento del químico y fisiólogo Robert Boyle (los dos eran de la Royal Society). Glanville pregonaba una unión de la brujería con el espíritu racional de la ciencia en ciernes, convirtiéndose así en un precursor teórico de la New Age.
  • Libro de Dzyan (1888), incluído en la Doctrina secreta, de Helena P. Blavatsky, inventado con retazos de varios textos religiosos orientales, sobre todo el Rig Veda, contiene las bases teóricas de la teosofía. En este sentido es una precursora de Lovecraft, quien además cita dicho libro.
  • Margaret Murray, 1813-1913. Arqueóloga inglesa especialista en brujería y etnología, escribió varias obras sobre el tema y el artículo de Brujería para la famosa undécima edición de la Encyclopaedia Britannica. Su obra The Witch Cult in Western Europe (El culto de la brujería en Europa Occidental) de 1921, es usada y citada en los mitos de Cthulhu. En ella afirma que el predominio de la brujería (y ciertos ritos similares) provendrían de civilizaciones arcaicas europeas, en especial de la celta. Esta religión pagana fue reemplazada por el cristianismo, aunque sus cenizas resucitaron con el esoterismo prerrenacentista. Pero, según H.R. Trevor Roper, la que sistematizó y codificó la brujería, creando un corpus de demonología, fue la iglesia medieval. El libro de Murray es citado y da verosimilitud a los restantes.
 

En toda la tradición occidental del "saber oculto" se encuentran una serie de textos que recuperan para los contemporáneos todos estos conocimientos "mantenidos en secreto" para los no iniciados. Algunos de estos libros son mencionados en los relatos del ciclo Cthulhu junto al inefable Necronomicon. Otros en cambio servían como inspiración y referente, como Murray. Lovecraft, que manifestaba ser un "racionalista científico", en realidad comulgaba con muchos de estos textos pseudocientíficos y ocultistas que le prodigaban enorme cantidad de material donde insertar su mitología. Un ejemplo son los trabajos de Scott-Eliott y otros von danikens del siglo XIX sobre Lemuria, Atlántida y el continente perdido de Mu: se trata de trabajos pseudocientíficos (porque afirman sin pruebas) que contribuyen, finalmente, a las mejores paranoias del espiritismo o la New Age. Ahora bien, si no es lícito opinar sin fundamentar para los pseudocientíficos, sí lo es para los autores de lo fantástico, que no necesitan pruebas sino todo lo contrario: este material ubicado en las fronteras de la ciencia se transforma en un filón a explotar donde todos los relatos se engarzan como en un collar, donde la falta de pruebas colabora a la verosimilitud. Muchos cuentos de Borges son bordados alrededor de estos agujeros negros de nuestro mundo.


Erudición y hermetismo en la tradición occidental

En este recorrido de títulos raros de libros que lo son aún más, nos encontramos con la euforia del Renacimiento, cuando el hombre, además de descubrirse a sí mismo, aprende también que no es el centro del universo. Estos conocimientos se expanden gracias a la renovación de las técnicas de impresión producidas por Gutenberg, y a la recuperación de innumerables textos griegos traducidos por los árabes (recordemos la famosa escuela de traductores de Toledo), y retraducidos del árabe al latín. También se recrea el neoplatonismo con personajes como Pico della Mirandola y Marsilio Ficino, que rescatan la tradición hermética e introducen la cábala.

 

Aparecen entonces las teorías del macrocosmos y el microcosmos, el hombre que contiene al mundo, más la armonía y correspondencia existente entre ambos. Casi todos los títulos más significativos de la época reflejan algo así como "el misterio del mundo." Los conceptos relacionados con las correspondencias son significativos porque responden a la premisa "Como es arriba es abajo" derivada de Hermes Trismegisto. Conceptos que pertenecen al pensamiento mágico, y en este sentido nos importa su transmisión por medio de libros, sobre todo aquellos que tratan de lo sobrenatural; es decir, la idea de que determinado ritual con ciertos procedimientos terrenos y meramente humanos desencadene las fuerzas naturales y cósmicas.

 
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